miércoles, 31 de octubre de 2012

El Mundo Invisible

• ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? – Hebreos 1:14.
• No quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios. – 1 Corintios 10:20.

Vivimos en un universo tan complejo que gran parte se escapa a nuestra mirada. ¡Cuántas galaxias, estrellas y planetas que jamás veremos! Y en lo infinitamente pequeño no podemos imaginar las miles de células y átomos que conforman nuestros cuerpos y el mundo entero.
Ocurre lo mismo con el mundo de los espíritus: Dios también creó una multitud de seres espirituales invisibles, es decir, los ángeles. Los envía “para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación” (Hebreos 1:14). Los ángeles santos, en quienes no hay ningún rastro de mal, están en la presencia de la gloria de Dios. Lo alaban sin cesar y cumplen gozosos su voluntad.
La Biblia también dice que algunos ángeles se rebelaron contra Dios: los demonios. El más poderoso de ellos es el diablo, llamado Satanás. Los demonios tratan de extender el mal en el mundo: incitan a los hombres a odiar a Dios, a la discordia y a la destrucción. Pero su poder no es nada ante el todopoderoso amor de Dios. Son como perros feroces encadenados que tratan de morder a todos los que se acercan; por ejemplo, a los que practican la magia, el espiritismo o las religiones satánicas. Si usted ha tenido algún contacto de ese tipo, confíeselo al Señor Jesús, quien lo liberará porque venció a Satanás en la cruz.
Toda la vida de Jesús, su muerte y su resurrección, son la demostración de que Satanás y sus ángeles fueron vencidos.

martes, 30 de octubre de 2012

El Viejo Corredor

• ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. – 1 Corintios 9:24-25.
• Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. – Filipenses 3:13-14.

«Vivíamos en Marruecos; fue allí donde me halló el Señor. ¡Me gustaba participar en las carreras; estaba orgulloso de ser siempre el primero y de tener muchas copas! Pero cierto día, en una competencia, no lograba adelantar al que estaba delante de mí. Al ver la meta hice un esfuerzo descomunal y llegué primero… al tiempo que me desplomaba.
Durante el largo período que pasé en el hospital, mi madre me leyó en la Biblia un versículo que habla de las coronas. Cuando quedé solo me puse a reflexionar en estas dos expresiones: “corona corruptible”… “corona incorruptible”. En la siguiente visita de mi madre le dije: –¡Comprendí! Ayer corría tras las coronas que pasan, pero hoy quiero correr por una corona eterna, siguiendo a Jesús!»
Cuando salió del hospital, nuestro amigo se dedicó a llevar el Evangelio. Recorrió las carreteras de Marruecos, Argelia y más tarde de Francia. Hoy continúa su obra en una residencia de ancianos, distribuyendo calendarios. ¡Qué corredor incansable para seguir a Jesús!

lunes, 29 de octubre de 2012

“¿Me Amas?”

• Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo… Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?… Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. - Juan 21:15-17.

Esta quizá sea la única pregunta que Jesús nos hace en algunos momentos cruciales de nuestra vida. Se la hizo insistentemente a su discípulo Pedro tres veces. Pedro había negado tres veces a su Señor y tenía un peso en la conciencia; pero Jesús quería liberarlo de ese peso y restaurarlo ante todos para que tuviese una relación sin sombras con Él.
Pedro respondió dos veces: “Tú sabes que te amo”. Y la tercera vez, sondeado en lo más profundo de su ser, precisó: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo”. Su respuesta era como una voz de amor que salía de un corazón quebrantado. Cuando depositamos nuestra confianza en Cristo, el único que en verdad nos conoce, entonces empezamos a amar realmente.
La pregunta: “¿Me amas?” era como un nuevo llamado a la fidelidad de su discípulo para animarlo a seguirle. Luego Jesús dijo a Pedro: “Sígueme” (v. 22). Esto es lo que Jesús también nos dice cada día. Simplemente debemos seguir las pisadas de Jesús, teniendo una total confianza en su amor, que nunca cesará. No es tiempo de dudar, sino de mirar hacia adelante, hacia él, para seguirle, aferrados a él.
Alguien comentó de la siguiente manera ese último “sígueme” de Jesús: «No mires más hacia atrás… Mira a Aquel que te conduce. No mires atrás, allá de donde te quiere sacar… Aquel que te conduce va delante de ti… Ama a aquel que te guía. ¡Síguele!».

domingo, 28 de octubre de 2012

Testimonio de los Escritores de la Biblia.

• Oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí. – Isaías 6:8.
• Nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. – 2 Pedro 1:21.
Dios, en su bondad hacia los hombres, no quiso asustarlos ni impresionarlos revelándose a ellos. No se manifestó directamente con toda su majestad y grandeza, pues el ser humano no puede concebir tal infinito ni soportar tal visión. Entonces escogió revelarse a través de hombres que tenían sus necesidades, preguntas, angustias. Por eso la Biblia contiene numerosos relatos de la vida cotidiana. Dios quiso que personas de horizontes muy diferentes y de todas las clases sociales mostraran el camino que siguieron para llegar a él. El testimonio dado por esos escritores es enriquecedor debido a su simplicidad y forma directa, a la cual el hombre moderno no puede ser insensible.
Pero además de exponer lo que experimentaron, los escritores de la Biblia afirman claramente que hablan de parte de Dios. Recibieron por revelación un mensaje y nos lo transmitieron como fieles profetas. Muchas veces leemos: “el Señor habló”, “Dios dice”, y otras expresiones parecidas. El mismo Dios, a través de diferentes escritores, habló para revelar sus pensamientos y dar a conocer su voluntad.
Querido lector, ¿ha leído los evangelios, en los cuales Mateo, Marcos, Lucas y Juan nos transmiten las palabras mismas de Jesús, Dios hecho hombre?

sábado, 27 de octubre de 2012

MAS ALLA

• Cristo… murió por los impíos. – Romanos 5:6.
• Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. – Juan 15:13               A veces sucede que por simpatía, por conveniencia o porque estamos directamente involucrados, vamos al cementerio para acompañar a un difunto a su última morada terrenal. A menudo encontramos viejos conocidos. Luego nos separamos, pensando quizás: «¿La próxima vez me tocará a mí?». La vida humana se presenta como una cuenta regresiva. El proceso de envejecimiento y muerte en realidad empieza desde nuestro nacimiento, con dos incógnitas mayores: el momento de la partida y el destino final.
¿Qué hay después de la muerte? ¡Esa es la gran pregunta! La Biblia responde mediante una palabra: “el juicio” (Hebreos 9:27). Por lo tanto, no todo se acaba cuando se sella una lápida. Si el cuerpo que es polvo vuelve a la tierra, el espíritu vuelve “a Dios que lo dio” (Eclesiastés 12:7).
Al igual que los demás, el creyente no sabe cuándo se acabará su vida terrenal. Pero en cuanto al más allá, tiene las certezas sacadas de la Biblia. Debido a esto el creyente puede considerar su propia muerte sin temor, pues está listo. El juicio que le esperaría en el más allá fue llevado por otro. Jesús, el Hijo de Dios, fue castigado en su lugar y llevó sus pecados. “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1).
Basta aceptar simplemente la salvación que Jesús ofrece gratuitamente por amor a todos los que se acercan a él. El precio lo pagó Él, muriendo en la cruz del Calvario.

viernes, 12 de octubre de 2012

¿Quién Arrojará Primero la Piedra?

• Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia. – Romanos 5:20.
• Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo. – Romanos 5:10.
Jesús enseñaba la Palabra de Dios en el templo de Jerusalén, cuando llegaron unos jefes religiosos trayendo una mujer sorprendida en adulterio. La presentaron ante Jesús, denunciaron su falta y le preguntaron qué se debía hacer. Lo que buscaban no era la justicia, sino tender una trampa a Jesús. Si él proponía que se hiciese clemencia, estaría en conflicto con la ley, pero si aprobaba la lapidación prescrita por la ley de Moisés, estaría en contradicción con su propio mensaje de gracia.
En vez de responder, Jesús se agachó y escribió con el dedo en la tierra. Después se levantó y dijo algo que dejó sin palabras a todos: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. Los acusadores se vieron súbitamente ante el tribunal de su propia conciencia. Uno tras otro se retiraron confundidos.
Sólo la mujer permaneció en la presencia de Jesús. Para sus acusadores, ella no tenía derecho a hablar, pero Jesús le concedió la palabra. Él no aprobaba lo que ella había hecho, pero anticipando los resultados de su muerte en la cruz, no la condenó y la animó a no volver a pecar. Le abrió el camino de la liberación del dominio del pecado.
Cuando soy consciente de una falta que he cometido, ¿huyo de la presencia de Jesús o escucho su Palabra, que me dice: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más”. Jesús sufrió en mi lugar la condenación que yo merecía.

jueves, 11 de octubre de 2012

COMO UN NIÑO

• No menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre… El Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido… No es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños. – Mateo 18:10-14.
Jesús enseñaba en medio de una multitud cuando le trajeron unos niños, pero sus discípulos trataban de alejarlos de él. Entonces Jesús, indignado, exclamó: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios” (Marcos 10:14). ¡Qué amor y cuidados manifestaba el Señor para con todos los niños! Él no quiere que los despreciemos ni que los dejemos de lado. Desde muy pequeños son beneficiarios de la obra de redención. Jesús vino para salvarlos, y si la muerte los sorprende antes de que hayan alcanzado la edad de la responsabilidad, van a Jesús, incluso si sus padres son incrédulos, paganos o idólatras. Este es un verdadero consuelo para una familia cristiana que ha perdido un pequeño.
La edad de la responsabilidad obviamente no es la misma para todos. Dios es el que juzga con perfecta justicia. Desde muy temprano algunos niños son conscientes de su estado de pecado y culpabilidad ante Dios; en cambio otros tardan más en comprender que son pecadores y que Jesús murió por ellos.
Los ojos del Señor están sobre ellos desde su concepción (Salmo 139:16). Él los pone como ejemplo de confianza (Mateo 18:3-4), de alabanza (Mateo 21:16). Les revela sus secretos (Mateo 11:25). El buen Pastor cuida especialmente a los corderos del rebaño (Isaías 40:11).